“La política es hoy la única grande actividad creadora. Es la realización de un inmenso ideal humano. La política se ennoblece, se dignifica, se eleva cuando es revolucionaria. Y la verdad de nuestra época es la Revolución. La revolución que era para los pobres no sólo la conquista del pan, sino también la conquista de la belleza, del arte, del pensamiento y de todas las complacencias del espíritu.”
Mariátegui
Pensar en las jornadas del 19 y 20 de Diciembre de 2001 nos remite a ese hilo histórico que conecta las luchas de nuestro pueblo: las resistencias de los pueblos originarios, la reforma de 1918, el Cordobazo y el Viborazo, por mencionar algunos hitos de nuestra memoria colectiva. Y hablar de memoria colectiva implica abonar a la recuperación de aquellos mitos que nos devuelven el encantamiento del mundo. Encantamiento -en términos de Mariátegui- como aquello que nos hace creer que la transformación de nuestra sociedad no solo es necesaria sino posible. Nuestros mitos están llenos de barricadas, de piquetes, de asambleas, de poder popular que pese a todos los intentos de sepultarlos se resignifican en cada generación que nace.

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