La responsabilidad es toda de los revolucionarios

La actual descomposición mundial del capitalismo abre una fenomenal perspectiva para el pensamiento que, desde Carlos Marx, cuestiona la actual organización económica y social de la sociedad.

Durante el siglo XIX el surgimiento de la clase trabajadora y su expresión teórica, el marxismo, dio la posibilidad de comprender los mecanismos de funcionamiento y desarrollo de este sistema que venía universalmente a sustituir a diversas formas de organización y economía diseñadas en distintas partes del mundo. El nuevo sistema tenía una profunda vocación reproductora a escala mundial.

En ese mismo siglo fundacional, el cuestionamiento de los trabajadores se expresó en enfrentamiento y disputa de poder político, y en la Francia de 1870 la Comuna fue durante dos meses el intento de construir una sociedad sobre bases económicas y sociales igualitarias y no en el robo llamado capital.

A fines del siglo XIX y principios del XX las relaciones coloniales de saqueo y genocidio a que los países centrales sometieron a sus periferias se convirtieron en relaciones imperialistas de tipo neo-colonial pero igualmente succionadoras y saqueadoras. La revolución soviética en Rusia y la revolución mexicana en América Latina es la continuidad igualitaria de la Comuna de los trabajadores parisinos y el sentimiento antiimperialista profundo de los pueblos sometidos. Estos contextos son copulares de nuestra Reforma Universitaria de Córdoba y su Manifiesto a los pueblos de Sud América.

En 1929 se inicia una crisis del sistema capitalista que lleva a la implementación de barreras proteccionistas de defensa de las burguesías locales, con profundas contradicciones inter-imperialistas que conducen a la segunda guerra mundial. La Unión Soviética, con la fuerza material de una economía social y planificada, logra movilizar una gigantesca fuerza militar, basada en todo un pueblo movilizado. Derrota la expresión fascista de la burguesía mundial. Y se expande un socialismo estatista y burocrático en un tercio de la superficie global. El campo socialista, los movimientos de liberación nacional, los países del tercer mundo que luchan por romper las cadenas coloniales y neo-coloniales conforman de conjunto, una relación de fuerzas que transforma las relaciones e instituciones internacionales. El capitalismo se ve forzado a tomar formas socialdemócratas y construir el estado de Bienestar Social.

Pero en los 70 ese capitalismo no puede sostenerse porque su tasa de ganancia ha disminuido abruptamente, el costo de ese Estado de bienestar es demasiado elevado para mantenerlo con una tasa de plusvalía, que por el contexto de relaciones mundiales de clase, se ha caído.

El neoliberalismo es la nueva matriz del capitalismo que, a sangre y fuego, procede a aniquilar toda oposición socialista y a desalojar toda posición socialdemócrata. Implementa las dictaduras militares en América latina. El trabajo disminuye sus ingresos y la tasa de plusvalía dá un salto.

La caída del campo socialista completa el cuadro. La burocracia gobernante de estos estados se hace propietaria de los bancos, de los centros de producción y del comercio. China se asocia con Estados Unidos en el desarrollo mundial del capitalismo. Cuba queda aislada soportando heroicamente el cerco capitalista.

Pero los 80 y los 90 han sido de lenta recuperación popular y revolucionaria. Las ideas socialistas lejos de morir surgen como el ave fénix de las mismas cenizas, y de este mundo cada día más desigual, de más robo y saqueo, de un capitalismo que ya es barbarie. Se profundiza ya a nivel de masas un profundo sentimiento de repudio al capitalismo. Se generaliza el convencimiento que con este sistema social y económico no es posible vivir. Que no da solución a las necesidades de trabajo, salud, alimentación, educación. Y que su moral está basada en el más duro egoísmo.

Y los reformismos pierden posibilidad histórica: la centro izquierda, el post-modernismo, el anti-partido, el utopismo, el cambiar el mundo sin tomar el poder que tuvieron mucho auge en la década pasada y que constituyeron, como antes el populismo nacionalista burgués ó el reformismo de los Partidos Comunistas, poderosas trabas al desarrollo de una conciencia antiimperialista y anticapitalista. Los procesos revolucionarios en Venezuela, Bolivia y Ecuador entran en etapa de definiciones. Si los gobiernos no toman profundas medidas de nacionalización, de construcción de poder popular, de gobierno de los trabajadores, los procesos revolucionarios en marcha tendrán que cambiar esas direcciones por otras consecuentemente revolucionarias.

Y el fondo de toda esta impresionante aceleración de los procesos políticos es la actual crisis mundial del Capitalismo con su secuela de miles de desocupados y destrucción de fuerzas productivas.

Ahora toda la responsabilidad es de los revolucionarios. Construir las herramientas más conscientes y desde allí la más amplia unidad, vertebrada toda en una profunda visión antiimperialista y anticapitalista por el socialismo.

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  1. jagged’s avatar

    Estaria bueno que firme, o se de a conocer el autor. Coincido en gran parte. El error es la confrontacion, no hay que ser antiimperialista ni anticapitalista, eso es obtuso, hay que ser progresistas, demostrar que es mejor la socialdemocracia que el capitalismo, no atacarlo. hasta ahora el socialismo no ha podido demostrarlo. Se vislumbra un movimiento interesante latinoamericano, pero falta, che.

  2. cordobasemueve’s avatar

    Gracias jagged por tu comentario, acaso Cuba no lo demuestra que el socialismo es mejor que el capitalismo? Te paso una noticia reciente: http://www.kaosenlared.net/noticia/111312/unicef-confirma-cuba-tiene-0-desnutricion-infantil
    ¿Pensar que el capitalismo no sirve como forma de organización de la sociedad es obtuso? Si estamos de acuerdo en que el capitalismo es muy dañino, no decirlo no es una posibilidad.
    Saludos!