Cada dos años el sistema político elige autoridades a través de una elección. Sean para elegir gobernadores, intendentes, presidentes o lo que sea, el panorama se hace nefasto.
Las calles se inundan de carteles con fotos repetidas, todos los candidatos del sistema salen a proponer todo aquello que no hicieron cuando gobernaron y que tampoco cumplirán en el futuro. Es que a la hora de gobernar siguen a rajatabla los lineamientos que algunos grupos económicos les dictan. Se trata de gobiernos de los ricos para los ricos. No tienen problemas en aumentar los impuestos, el cospel, en olvidarse de las promesas y mantener al pueblo sin trabajo, sin viviendas, sin salud, sin educación. Gastan millones en campaña para que la gente vaya a una urna y ponga la boleta de su partido, o como es actualmente, marque con una cruz su lista completa. No les interesa más que eso. Este año inclusive se estrena una nueva ley electoral diseñada para mantener un bipartidismo sin diferencias de proyecto de país. Donde el manejo de aparatos, de recursos económicos, de bombardeo mediático, de ausencia de debates, de ideas y de programas, vacía totalmente la participación popular.

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